4am Estudio

CREODO

In #reflexión, Creatividad, Diseño, Reflexión personal, texto, Transversalidad, Uncategorized on 07/11/2016 at 2:01 PM

Creo que la dirección creativa es trabajar en la búsqueda, contraste y verificación de contenidos relacionados con la transversalidad del diseño.

Creo en el concepto, el racional, el copywriting, el guión, la edición de vídeo y la argumentación, tanto para campañas publicitarias, eventos, web e ideas varias como para colaborar en las necesidades de comunicación de agencias y empresas de cualquier sector.

Creo que un director creativo debe materializar en la cabeza del cliente, básicamente con palabras, conceptos abstractos y que lo entienda como beneficios.

Creo que dirigir es conocer tus limitaciones y dejarte aconsejar por quienes son fuertes en ellas.

Creo en la mejora de cada día como persona.

Creo en la nutrición de los ejemplos que me rodean diariamente.

Creo que, aunque todo tiene un coste, la satisfacción personal, el buen comer, el dormir bien y cuidar de la familia, en la que entran algunos amigos, no tienen precio.

Creo en los límites.

Creo en el  + infinito.

Creo en el juego, el riesgo, el error y el acierto.

Creo en reír y llorar. 

Creo en admirar sin prejuicios.

Creo en la crítica con sentido del humor constructivo.

Creo que todo suma.


Creo que el diseño es filosofía, porque “esto” se trata de pensar con el corazón.

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CREODO

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Divagaciones de un idic (igual diferente individual en comunidad)

In #educación, #reflexión, Inicio, Reflexión personal, texto, Transversalidad, Uncategorized on 22/03/2018 at 7:41 PM

Estos días he visto mucho apoyo a la mujer aprovechando la ocasión, muchos cargos de responsabilidad haciendo suyo el feminismo, pero no he detectado ningún comentario de nadie que diga “soy machista, por mucho que conscientemente me guste negarlo, no porque quiera serlo, si no que lo soy sin querer: por costumbre y por no replantearme los vicios sociales adquiridos. Lo soy debido a mi educación y mi cultura, lo reconozco. Lo mejor para mi y los demás sería darme cuenta y querer cambiarlo”.

De esta forma, yo me atrevo a decirlo sin miedo (podrás llamarme torpe, pero no cobarde), ya que gracias a las voces femeninas y feministas que me rodean, me doy cuenta de estos matices y quiero dejarlos atrás, no me aportan nada y perjudican el crecimiento emocional de mis hijos. Me parece importante que este discurso interno se desarrolle en el tiempo y no quede solo en el efecto “día de los enamorados”.

Ya sea en relación a esto o a cualquier otro aspecto, reconsiderarse a sí mismo es un trabajo muy duro. Primero se necesita una alternativa en la que caer o a la que agarrarse, aunque parezca una contradicción. De otro modo, si se destierra de golpe todo lo que te ha conformado como persona, quedas en desequilibrio, dando cabida a la posibilidad de caer en arenas movedizas o en espirales infinitas de excusas en las que encuentra refugio la inacción justificada.

Los más mayores acusamos a la edad para no hacer nada argumentando que se nos pasó el tiempo. ¿Para qué sirve la experiencia entonces? ¿Para autodeclararnos sabios y mandar a los demás qué hacer disponiendo de un escudo recurrente? Hay gente muy joven que se esconde en “ser mayor” por el ejemplo que damos al tirar de este recurso. ¿No sirve la experiencia para saber más bien qué no hacer asumiendo que aún queda mucho por llegar? La edad debería darnos la ventaja de advertir que, a pesar de todo, las cosas suceden, algunas por si solas y otras, no, y que son éstas últimas las que necesitan de la acción para que puedan ocurrir, las que marcan la diferencia ya sea en el trabajo, en la familia, en cualquier tipo de relación social y, en definitiva, en nosotros mismos.

Contemplando la posibilidad de que no todo el mundo puede asimilar y asumir esta variabilidad, al menos de golpe, tendríamos un punto de vista ampliamente interesante para el beneficio de la educación general. Reconocernos como iguales diferentes individuales en comunidad sería importante para trabajar la transigencia y ejercitar la resiliencia.

Me considero una persona que comete errores inmersa en una época de transformación vívida y compartida, e igualmente me gustaría pensar que los demás también. Es innegable que en muchos aspectos importantes estamos viviendo un tiempo de metamorfosis social, metiendo en fundición la conciencia colectiva y, en consecuencia, templando las costumbres para (creo que debería ser así) hacerlas más flexibles. Pienso que tenemos la oportunidad de aprovechar todo lo que esto traiga, con sus extremos añadidos necesarios como modos de encontrar el término medio. Las cosas cambian sí o sí, siempre ha ocurrido, es una constante de la evolución, que, paradójicamente, no cambia.

Lo que tampoco cambia son una serie de cosas que, aunque parezca que ahora están más acentuadas, siguen igual que siempre han sido, como es la gilipollez y la sensibilidad colectivas, los egos y las circunstancias, la irresponsabilidad y la capacidad de reconocerla, la ceguera tras el destello de la iluminación y la adaptación a la oscuridad de los individuos, el daño de las buenas intenciones y la cura por frustración, entre otras cosas, y es por eso mismo que creo en la igualdad de oportunidades, siempre esperando lo mejor, dispuesto a celebrar las sorpresas inesperadas de lo prejuiciosamente descartado.

¡Qué le voy a hacer! Soy un optimista redomado.

Fósil

In #reflexión, Uncategorized on 08/06/2016 at 2:03 PM

Todo lo construido por el ser humano desaparece cubierto por la fuerza implacable de la naturaleza. Pero ella, a pesar de ser imparable, tampoco es fija ni estable, porque nada es para siempre, pero sí es firme y persistente. Incluso ésta sobrevive, aparentemente eterna, a base de renovación, dejando ramas secas como cimientos para hojas nuevas, viviendo en apariencia muerta como soporte de una vida más extensa.
Huyendo hacia delante, consciente de la actualización del contexto cambiante, te expandes, sobrevives y permaneces, sin dejar huella, ya que aquel que empezó nada tiene que ver con este que ahora sigue y quienes te vieron ya no te reconocen. Prefiero pensar que puedo ser un fósil emocional antes que creer en la permanencia de mis ideas, obras o acciones, que quedarán desechadas bajo la inocente tiranía del verde manto o el azul del mar.

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